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El 22 de junio de 1940, con la firma del armisticio entre Francia y Alemania, el Reino Unido se encontró solo en guerra contra el Eje, una contienda desigual en la que la moral de la población iba a ser tan importante como la victoria en el campo de batalla. Para mantener la voluntad de lucha, el ga...
El 22 de junio de 1940, con la firma del armisticio entre Francia y Alemania, el Reino Unido se encontró solo en guerra contra el Eje, una contienda desigual en la que la moral de la población iba a ser tan importante como la victoria en el campo de batalla. Para mantener la voluntad de lucha, el gabinete de Churchill comprendió de inmediato que había que dar sensación de progreso hacia el final, y para ello había que derrotar al enemigo en tierra, cosa que solo podía suceder en un escenario: el minusvalorado teatro de operaciones de la Segunda Guerra Mundial en el Mediterráneo. Siempre a la sombra de las descomunales operaciones en el frente del este o del ingente esfuerzo logístico que supuso el Día D, en El camino hacia la victoria. La Segunda Guerra Mundial en el Mediterráneo su autor, Douglas Porch, uno de los historiadores militares más agudos de la actualidad, sostiene y argumenta magistralmente todo lo contrario. Fue allí donde los británicos obtuvieron sus primeras victorias, donde empezó el desgaste del Eje y, sobre todo, fue crucial en la entrada en guerra de los Estados Unidos. De no haber sido por el esfuerzo británico en esta región, es posible que Roosevelt nunca hubiera decidido priorizar la derrota del Eje antes que la del Japón.
Y es que además de alzarlo al nivel de otros escenarios, Douglas Porch sostiene que el Mediterráneo fue el escenario fundamental. Encrucijada logística de todo el esfuerzo de guerra, incluido el préstamo y arriendo a la Unión Soviética a través de Persia; zona de desgaste de los ejércitos del Eje, laboratorio experimental de operaciones aéreas, terrestres y anfibias y blando vientre de Europa, este teatro de operaciones sirvió también para canalizar la entrada en guerra de la superpotencia occidental fundamental para la derrota de Alemania, los Estados Unidos. Sin embargo, hizo falta casi un año antes de que el nuevo aliado hiciera su presentación en sociedad (en la Operación Torch, noviembre de 1942), y aunque se enfrentó a un enemigo débil y poco motivado, no todo fue como la seda. El posterior desastre de Kasserine, en Túnez, en febrero de 1943, demostraría la falta de preparación de los soldados norteamericanos. ¿Qué hubiera pasado entonces si el desembarco se hubiera llevado a cabo directamente contra las costas de la Fortaleza Europa? En El camino hacia la victoria. La Segunda Guerra Mundial en el Mediterráneo, Porch se hace la pregunta y concluye que el riesgo era inasumible. Pero tampoco era posible, sobre todo una vez obtenida la victoria en África, esperar durante meses antes de llevar la guerra al enemigo, y Sicilia se convertiría en la respuesta. Así, a modo de conclusión, puede decirse que fueron tres los elementos que convirtieron la Segunda Guerra Mundial en el Mediterráneo en el escenario crucial: logística, aprendizaje y acción.
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